Fibromialgia e incapacidad permanente: cuando el cuerpo no responde aunque quieras seguir trabajando
En nuestro despacho atendemos a muchas personas que llegan agotadas. No solo físicamente, sino también mentalmente. Personas que llevan años conviviendo con dolor, cansancio y falta de descanso, que han intentado seguir trabajando “como siempre”, pero que poco a poco han ido viendo cómo su cuerpo ya no responde.
Muchas de ellas padecen fibromialgia.
La fibromialgia es una enfermedad compleja, difícil de explicar y, sobre todo, difícil de demostrar. No se ve en una radiografía ni aparece claramente en una analítica, pero eso no significa que no exista ni que no limite. De hecho, puede llegar a ser profundamente incapacitante.
Desde el punto de vista médico, la fibromialgia está reconocida por la Organización Mundial de la Salud, pero en la práctica diaria sigue siendo una de las patologías más cuestionadas cuando una persona solicita una incapacidad permanente. Y ahí es donde empiezan los problemas.
Vivir con fibromialgia: mucho más que “dolor”
Quien no la padece suele pensar que la fibromialgia es solo dolor muscular. Sin embargo, la realidad es bastante más amplia. El dolor es constante, difuso, cambia de intensidad y de localización, y se acompaña casi siempre de una fatiga profunda que no desaparece con el descanso. Dormir no siempre significa recuperar energía.
A esto se suma lo que muchos pacientes describen como “niebla mental”: dificultad para concentrarse, para mantener la atención, para recordar tareas sencillas o seguir conversaciones. No es falta de ganas, es que el cerebro no responde igual.
Con el paso del tiempo, no es raro que aparezcan también ansiedad, bajo estado de ánimo o incluso depresión, no como causa, sino como consecuencia de vivir durante años con limitaciones que no siempre son comprendidas por el entorno laboral ni social.
¿Por qué trabajar se vuelve tan difícil?
Uno de los grandes problemas de la fibromialgia es que obliga a la persona a funcionar de forma irregular. Hay días mejores y días muy malos. Hay momentos en los que el cuerpo permite hacer algo, y otros en los que cualquier esfuerzo supone un coste físico desproporcionado.
En el ámbito laboral esto se traduce en dificultades para mantener ritmos constantes, para cumplir horarios estrictos o para soportar tareas repetitivas, posturas prolongadas o niveles normales de estrés. Muchas personas empiezan reduciendo su rendimiento, después acumulan bajas médicas, y finalmente llegan a un punto en el que seguir trabajando se convierte en una lucha diaria.
En consulta lo vemos con frecuencia: personas que quieren seguir trabajando, pero no pueden hacerlo con la regularidad, eficacia y fiabilidad que exige cualquier empleo.
Fibromialgia e incapacidad permanente: la clave no es el diagnóstico
En España, la fibromialgia no da derecho automáticamente a una incapacidad permanente. Y esto es importante entenderlo bien. El problema no está en el nombre de la enfermedad, sino en cómo afecta realmente a la capacidad laboral de la persona.
El Instituto Nacional de la Seguridad Social suele centrarse en si existen o no “pruebas objetivas”, y ahí es donde muchos expedientes fracasan. Pero la fibromialgia no se valora correctamente si solo se buscan pruebas de laboratorio.
Lo que debe analizarse es algo distinto:
cómo ese dolor, esa fatiga y ese deterioro cognitivo limitan de forma real y permanente la posibilidad de trabajar.
La importancia de una valoración médica bien hecha
Aquí es donde el enfoque médico-pericial resulta determinante. No basta con informes clínicos dispersos o diagnósticos genéricos. Es necesario un análisis serio y detallado que explique, con criterios médicos, por qué una persona no puede desempeñar su profesión, aunque sobre el papel “parezca que podría”.
Un buen informe pericial traduce los síntomas a limitaciones funcionales concretas. Explica qué puede hacer la persona y, sobre todo, qué no puede hacer de forma sostenida en el tiempo. Y lo hace teniendo en cuenta el trabajo real que desempeñaba, no un trabajo teórico.
En los casos de fibromialgia, esta diferencia es clave.
Por qué muchas solicitudes se deniegan (y por qué no debe ser el final)
La mayoría de nuestros clientes con fibromialgia han recibido al menos una denegación previa. No porque su situación no sea grave, sino porque el expediente no estaba bien enfocado o porque la enfermedad sigue generando desconfianza en los órganos evaluadores.
Esto no significa que no exista derecho a una incapacidad. Significa que el caso necesita un planteamiento técnico correcto, apoyado en una valoración médica sólida y una estrategia jurídica especializada.
Un abordaje conjunto: médico y abogado
En Abogados Cuatro trabajamos los casos de fibromialgia desde una visión conjunta. El trabajo del médico perito y del abogado va de la mano. Solo así se consigue que una enfermedad compleja, invisible y muchas veces incomprendida sea explicada con claridad ante la Seguridad Social y, si es necesario, ante los tribunales.
Nuestro objetivo no es “forzar” una incapacidad, sino reconocer jurídicamente una realidad médica que ya existe. La fibromialgia no es una excusa, ni una exageración, ni un problema menor. Para muchas personas supone un antes y un después en su vida laboral. Cuando las limitaciones son persistentes y afectan de forma clara al trabajo, la incapacidad permanente no es un privilegio, sino una protección necesaria.
Si padeces fibromialgia y sientes que trabajar se ha convertido en algo incompatible con tu salud, es importante que tu caso sea valorado con el rigor que merece.
En Abogados Cuatro estamos especializados en incapacidades permanentes y en patologías de difícil reconocimiento, como la fibromialgia.
