Cinco consejos clave para pasar el Tribunal Médico
Lo que conviene saber antes de sentarse frente al INSS
La cita con el Tribunal Médico suele llegar después de meses —a veces años— de médicos, pruebas, bajas laborales y tratamientos que no han dado el resultado esperado. Cuando por fin llega el momento, la sensación más habitual no es alivio, sino incertidumbre: ¿qué van a mirar?, ¿qué tengo que decir?, ¿y si no me explico bien?, ¿y si me lo deniegan?
La experiencia demuestra que el Tribunal Médico no se “pasa” por azar. Tampoco basta con estar realmente mal. El resultado depende, en gran medida, de cómo se plantea el caso, de qué información se traslada y de si se entiende bien qué está valorando el INSS en ese momento.
A continuación compartimos cinco ideas fundamentales que conviene tener muy presentes antes de acudir a la valoración médica.
1. El Tribunal Médico no juzga enfermedades, juzga capacidad para trabajar
Uno de los errores más frecuentes es acudir al Tribunal Médico con la sensación de que hay que “convencer” al médico de que uno está enfermo. En realidad, esa no es la cuestión.
La valoración se realiza dentro del procedimiento administrativo del Instituto Nacional de la Seguridad Social, y parte de una premisa muy concreta: no toda enfermedad genera incapacidad, y no toda limitación justifica el mismo grado de incapacidad.
Por eso, el médico evaluador no se centra tanto en el nombre de la patología como en sus consecuencias prácticas. Dos personas con el mismo diagnóstico pueden obtener resoluciones distintas si sus limitaciones funcionales, su evolución o su profesión habitual no son iguales.
Entender esto cambia por completo la forma de afrontar la cita. No se trata de enumerar informes ni de recitar diagnósticos, sino de trasladar una idea clara: qué cosas ya no puedes hacer con un mínimo de continuidad, eficacia y fiabilidad.
2. La documentación médica debe contar una historia coherente
Otro punto decisivo es la documentación médica. En la práctica, muchos expedientes fracasan no porque falten informes, sino porque los informes no cuentan bien lo que ocurre.
El Tribunal Médico suele disponer de poco tiempo para revisar cada caso. Si la documentación es confusa, antigua o contradictoria, el resultado suele ser negativo.
Por eso es tan importante que los informes reflejen:
La evolución real del proceso.
La falta de respuesta a los tratamientos.
La cronificación o el empeoramiento.
El impacto funcional de las patologías.
Un informe médico bien enfocado no se limita a decir “el paciente presenta dolor lumbar”, sino que explica cómo ese dolor condiciona la bipedestación, la sedestación, los desplazamientos o la tolerancia al esfuerzo. Esa diferencia, aunque parezca sutil, es muchas veces determinante.
3. En la exploración, la clave está en explicar cómo vives, no solo cómo te duele
El momento de la exploración genera especial nerviosismo. Suele ser breve y, en ocasiones, da la sensación de que “no han mirado nada”. Sin embargo, incluso en pocos minutos se obtiene información relevante.
Aquí es fundamental no caer en dos errores habituales: minimizar la situación o sobreactuar.
Muchas personas, por costumbre o carácter, tienden a restar importancia a sus síntomas. Otras, por el contrario, intentan enfatizar en exceso. Ninguna de las dos actitudes suele ayudar.
Lo que realmente aporta valor es explicar, con naturalidad, cómo es un día normal:
Qué tareas ya no puedes hacer.
Cuánto tiempo puedes mantener una postura.
Qué ocurre cuando fuerzas un poco más de la cuenta.
Si los síntomas son constantes o intermitentes.
Hablar de limitaciones concretas —y no solo de dolor— permite al evaluador entender mejor el alcance real de la situación.
4. La profesión habitual es el eje de toda la valoración
En la práctica profesional, uno de los fallos más repetidos es no explicar bien en qué consiste el trabajo que se venía desempeñando.
El Tribunal Médico no valora la incapacidad en abstracto, sino en relación con una profesión concreta, con unas exigencias determinadas. No es lo mismo un trabajo físico que uno sedentario, ni uno con carga mental elevada que otro rutinario.
Por eso, resulta esencial trasladar:
Qué tareas reales exige el puesto.
Qué posturas, esfuerzos o ritmos implica.
Por qué esas exigencias ya no son compatibles con el estado de salud actual.
Cuando esta conexión entre patología y trabajo no se expone bien, el expediente pierde fuerza, incluso aunque los informes médicos sean correctos.
5. Una denegación no define el caso, solo marca una fase del procedimiento
Por último, conviene acudir al Tribunal Médico con una idea clara: la resolución administrativa no siempre es definitiva.
En muchos casos, el INSS deniega la incapacidad en primera instancia. Esto no significa que no exista una situación incapacitante, sino que no se ha considerado suficientemente acreditada en ese momento.
Tras la resolución administrativa existe la posibilidad de:
Formular reclamación previa.
Acudir a la vía judicial, donde el análisis es más profundo y garantista.
La experiencia demuestra que numerosos procedimientos se ganan en los juzgados, especialmente cuando se aporta una prueba pericial sólida y se enfoca correctamente la relación entre patología y profesión.
El Tribunal Médico es un trámite decisivo, pero no debe afrontarse con miedo ni improvisación. La clave está en entender qué se valora, preparar bien la documentación y saber explicar, con claridad y realismo, cómo la enfermedad ha ido reduciendo la capacidad para trabajar.
En materia de incapacidad permanente, no se trata de demostrar que uno está mal, sino de acreditar que ya no puede trabajar en condiciones normales. Y para eso, la preparación previa es tan importante como la propia cita.
